El país asiático, devastado por la guerra, emprendió reformas que han hecho crecer su economía.

Islas Ly Son, provincia Quang Ngai, Vietnam central. Abril de 2012. (REUTERS)
En un artículo titulado "
Vietnam, un país en constante Doi Moi"
, publicado en el diario
Juventud Rebelde
del pasado domingo 8 de abril, Niliam Vázquez García planteó que "el
pueblo palpa en las calles, en la prosperidad de los negocios
familiares, quizá hasta en el aire, los logros de más de dos décadas de
Doi Moi,
proceso que contempla la introducción de las lógicas del mercado en la
economía, pero con orientación socialista". Y agrega que los vietnamitas
en "poco tiempo se han convertido en exportadores de petróleo y otros
productos, así como en los segundos productores de café del mundo". Me
uno a tan merecido reconocimiento a ese laborioso y tenaz pueblo, pero
considero provechoso, junto al homenaje, promover la reflexión acerca
del porqué Vietnam pudo y Cuba no ha podido.
Durante la última de las guerras de ese país, finalizada en 1975
contra la mayor potencia militar del orbe, sobre su territorio se arrojó
un número de bombas tres veces superior a las empleadas durante la
Segunda Guerra Mundial, el 15% de su población pereció o resultó herida y
el 60% de las 15.000 aldeas del sur del país fueron destruidas. Como si
todo eso fuera poco, después tuvo que enfrentar el bloqueo económico y
los ataques fronterizos.
Concluida la contienda bélica y reunificada la nación, Vietnam
comenzó prácticamente de cero. El sistema de economía planificada, que
se extendió de Norte a Sur, hundió al país en el hambre y la
superinflación. Ante el fracaso, la tendencia reformista del Partido
Comunista respaldada por los cuadros más jóvenes se impuso a la
tendencia conservadora y en 1986 proclamaron el
Doi Moi (Renovación), bajo el lema "Reforma económica, estabilidad política",
mediante
el cual se comenzó a introducir los mecanismos de mercado, la autonomía
de los productores, el derecho de los nacionales a ser empresarios y la
entrega de tierra en propiedad a los campesinos.
El
Doi Moi, dirigido a desarrollar la iniciativa, el interés
y la responsabilidad de los productores, en su primer momento condujo a
una crisis económica provocada por la lentitud, el burocratismo y los
enemigos del cambio, que terminó con el despido masivo de los cuadros
conservadores del Partido. Luego, al producirse el derrumbe del campo
socialista, la tendencia reformista continuó el camino de la
profundización y de la renovación permanente de los cuadros del Partido
Comunista. El resultado fue tan evidente que EE UU en 1993 dejó de
oponerse a la concesión de créditos, en 1994 suspendió el embargo y en
1995 restableció las relaciones diplomáticas.
En 2001, Vietnam devino segundo exportador mundial de arroz. Para
lograrlo, además de dedicar una mayor extensión a este cultivo e
introducir cambios tecnológicos, lo determinante fue, sin lugar a dudas,
la voluntad política de los gobernantes que situó los intereses de la
nación en primer lugar y emprendió, de hecho, los cambios de todo lo que
realmente era necesario cambiar: se generalizó la economía de mercado,
se definieron múltiples formas de propiedad, se eliminó el monopolio de
la propiedad estatal y pasó a segundo plano la planificación socialista.
De tal modo el
Doi Moi, a diferencia de Cuba, concentrando
en las transformaciones internas, logró que la economía produjera
alimentos para sus más de 80 millones de habitantes; que ocupara el
segundo lugar en la exportación mundial de granos; el segundo en la
exportación de café (el presidente del Consejo de Estado de Cuba
reconoció que los cubanos, que enseñamos a los vietnamitas a cultivar el
aromático grano, tenemos que comprarlo en el exterior); el primero en
pimienta, a lo que se añade las ventas de petróleo, zapatos, productos
electrónicos y otras producciones. A la vez que la inversión extranjera
alcanzó decenas de miles de millones de dólares. Esos resultados le
permitieron a Vietnam rebajar la pobreza del 60% al 5% de su población.
Por su parte a Cuba —que también cuenta con un pueblo laborioso,
inteligente y dotado de una alta formación profesional— le ha faltado la
voluntad política para implantar un modelo económico capaz de despertar
el interés por la producción. En 1986, cuando en Vietnam se aplicó el
Doi Moi, en Cuba se optó por la Rectificación de Errores y Tendencias
Negativas
, un proyecto, si así puede llamársele, dirigido a
impedir la influencia de la Perestroika iniciada en la Unión Soviética.
Luego, en 1993, obligado por las circunstancias, ante los efectos del
derrumbe del socialismo en Europa Oriental, se implementó un pequeño
grupo de medidas —coyunturales y aisladas— que tres años después fueron
paralizadas por la contrarreforma iniciada en 1996.
De forma similar, pero con resultados opuestos a la producción
arrocera vietnamita, ante el decrecimiento de la producción de azúcar en
Cuba de algo más de 8 millones de toneladas en 1990 a solo 3,5 millones
en 2001, el Gobierno anunció la Reestructuración de la Industria
Azucarera y la Tarea Álvaro Reinoso, con el propósito de producir seis
millones de tonelada. Para cumplir esa cifra —que se había logrado en el
país desde 1948— se cerraron 71 de los 156 ingenios existentes y se
redistribuyó el 60% de las tierras destinadas a las plantaciones de caña
para otros cultivos. El resultado fue el descenso de la zafra del año
2005 hasta 1,3 millones de toneladas (cifra que había sido producida en
el año 1907). Doce años después de ese fracaso, el 31 de marzo pasado,
el vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo planteó que
el Ministerio de la Agricultura "presenta un estado económico-financiero
desfavorable por varios años, el cual influye negativamente en la
gestión empresarial" y reconoció "que han sido insuficientes las
acciones y medidas adoptadas hasta la fecha para revertirlo" ("
Trabajar con integralidad ante cada problema",
Granma, jueves 5 de abril de 2012.)
La diferencia salta a la vista. El Gobierno cubano sigue empeñado en
un modelo obsoleto e inviable, y hasta ahora se niega a que sus
nacionales participen como verdaderos sujetos de los cambios. Continúa
pendiente la reforma de la actual estructura de propiedad, cuyo
fundamento político tiene que ser la pluralidad y la oportunidad de
participación. La gran diferencia con Vietnam es que la demora para
emprender los cambios en Cuba le ha dado carácter estructural a la
crisis, lo que hace imposible a estas alturas limitar las
transformaciones a algunos aspectos aislados de la economía. Ahora, de
forma simultánea, habrá que introducir transformaciones en el ámbito de
las libertades ciudadanas; única forma de que Cuba, como Vietnam,
también pueda.
Posteado por: "Comité Pro Libertad de Presos Políticos Cubanos"