jueves, 12 de enero de 2012

REPUBLICA DE PANAMA CAPITULO V (Continuación)




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Los militares comenzaron a tirar bombas de gases lagrimógenos, pero éstas eran recogidas por osados balseros y devueltas en contra de los soldados.
El interior del campamento se había convertido en un infierno. Las llamas amenazaban con destruirlo todo. Las mujeres y los niños se habían ido hacia la parte trasera  y los militares que se encontraban custodiando esta área trataron de ayudarlas. Abrieron un hueco en la cerca de alambre, pero era muy pequeño y se dificultaba la salida de una persona. Un grupo de cubanos, que se encontraban cerca, agarraron una pipa y la lanzaron en contra de la cerca, logrando abrir un gran boquete por donde pudieron salir las mujeres, niños y todas las personas que se encontraban al margen de estos acontecimientos.En la huida muchas personas fueron atropelladas, tratando de salir primero.
Un soldado que entró, para socorrer a una señora, fue apresado por  un hombre y dos mujeres. Lo apalearon, robándole las pertenencias y luego fue arrastrado. Un acto de barbarie sin precedentes.
Cientos de personas habían logrado escapar del infierno en que se había convertido el Campamento # 1. Las carpas de los militares fueron saqueadas, robándoles prendas de vestir, grabadoras, dinero y todo lo que se pudiera aprovechar. Realmente era bochornoso lo que estaba sucediendo. Estas mismas personas (10 o 12) salieron vestidos de soldados antimotines, penetraron de nuevo al campo y se unieron a los estupefactos revoltosos, quienes no entendían lo que estaba sucediendo, pero más sorprendidos quedaron los soldados al ver que sus “supuestos” compañeros le tiraban piedras.
Esto parecía una película de comedia, pero de corte macabro.
Otro grupo, que se apoderaron de vehículos de construcción, que se encontraban estacionados frente al terraplén, se dirigieron a la ciudad. Soldados custodiaban la entrada que da acceso a la Ciudad e interceptaron varios vehículos. Tres lograron romper el cerco, pero fueron capturados antes de que llegaran a la urbe.
El área era sobrevolada por helicópteros que informaban del rumbo de los revoltosos que se  habían  apoderados de vehículos. Ninguno pudo salir fuera del perímetro rural, todos fueron apresados.
Algunos de los balseros que se encontraban en las márgenes del canal se lanzaban al agua, tratando de alcanzar un buque  de bandera canadiense que por allí pasaba. Del barco le lanzaban chorros de agua para evitar el abordaje.
La mayoría, al ver que no podían salir para la ciudad, regresaron al campo tristes y desconsoladas. Los bomberos apagaron el incendio.
Las personas que habían sido  arrestadas, fueron llevadas para el campo 5, después de verificar su participación en los sucesos. Ninguno de los que tuvo participación en las revueltas se les permitió entrar a los Estados Unidos.
Todo volvió a la normalidad, al menos ese día.  

Continuará

Posteado por: "Comité Pro Libertad de Presos Políticos Cubanos"

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