miércoles, 23 de noviembre de 2011

Reciclaje de alimentos



 | Por Augusto Cesar San Martin
LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) – En Cuba, malversar  comida en establecimientos del gobierno es algo ordinario, casi justo. El robo al Estado es una especie de indemnización en la mentalidad de los cubanos
Una modalidad de lucro que ilustra nuestra profunda crisis de valores, comenzó a formar parte de la cadena de latrocinio: el ‘reciclaje’ de alimentos en las escuelas primarias. Los empleados de la  primaria Rafael Carini, ubicada en la calle Neptuno # 665, del municipio Centro Habana, conforman un equipo de ‘reciclaje’ casi perfecto.
El almuerzo de los estudiantes durante la semana se resume en arroz, frijoles, proteína, pan  y postre. Con escasa variación, la proteína se limita al picadillo de soya o vegetal y al menos en una ocasión al mes, pollo o pescado.
Los alumnos de preescolar, primer  y segundo grado, por lo general rechazan el almuerzo. La pésima elaboración de los alimentos, mal sazonados y cocinados, hace que los pequeños no quieran ni probarlo. Cuando estos niños devuelven sus bandejas llenas para desechar, la comida no va a la basura. Inicia un nuevo ciclo.
Tres cubos de metal esperan en el recibidor de desperdicios. Uno para acopiar arroz, en otro los frijoles y el tercero, el llamado plato fuerte o proteína. Una vez que estos depósitos están al menos a la mitad, el alimento retorna al termo donde se sirve la comida caliente.
En la medida que almuerzan los alumnos de grados superiores -con mejor diente para comerse esa bazofia- el lucro se hace menor, pero se mantiene hasta el final.
Terminado el horario de almuerzo los trabajadores del comedor se dividen las ganancias. Esta comida pasa a ser la cena en sus hogares, donde es mejorada con los condimentos ‘ahorrados’ en la escuela, para ser también sustraídos.
En mi esperanza por circunscribir el problema a un grupo específico de trabajadores, que fueran la excepción y no la regla, decidí indagar en otra escuela primaria.
Escogí  al azar la primaria  Pepito Mendoza, en la avenida 42 # 3109  en el municipio Playa. Como se hizo difícil romper entre los empleados el cerco que impone la corrupción, indagué con los padres de los estudiantes.
Varios alumnos de quinto grado detallaron las huellas que deja el reciclaje de comida  en los comedores.
Describieron los alimentos mezclados en las bandejas. Algún que otro pan embarrado de dulce, potaje o arroz. El pan se guarda y distribuye por separado de los demás alimentos.  Granos de arroz dentro de los frijoles o viceversa. El dulce mezclado con algún grano de los que se sirven en la bandeja. Para servir el almuerzo a los estudiantes se utilizan termos separados, que no dejan lugar a que la comida se mezcle de esta forma. Estos rastros evidencian que los alimentos han sido ‘reciclados’
Este tipo de práctica nada tiene que ver con el derecho que se han otorgado nuestro pueblo de robar al gobierno que nos ha saqueado durante medio siglo. La malversación  es un mal que  los cubanos han designado con el eufemismo de “la lucha¨ por la subsistencia. Los actos deshonestos de este tipo, que perjudican directamente a otro ciudadano, más aun cuando se trata de la alimentación de niños, son responsabilidad individual de quien los comete, aunque sea el sistema comunista lo que haya contaminado la conciencia nacional a tal punto que robar nos parezca lícito.
Acesar2004@gmail.com

Posteado por: "Comité Pro Libertad de Presos Políticos Cubanos"

Tejado de vidrio



 | Por Víctor Manuel Domínguez
LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubant.org) – El 10 de noviembre no fue un día más para los cubanos. Alrededor de medio siglo después de supuestamente tener la ‘propiedad’ de una vivienda que no podían vender o donar, podrán hacerlo tras la puesta en vigor del Decreto-Ley 288.
Aunque muchos se muestran escépticos, otros, a la caza de resolver su situación, y algunos dispuestos a cualquier cosa para obtener ganancias y mejorar, la mayoría considera válida la medida.
Sin embargo, un sector de la población piensa que su situación quedará en un limbo, alejada de los anunciados cambios que acabarán con las restricciones sobre la vivienda: los albergados.
Perdidas sus casas por derrumbes, incendios, desastres naturales, actos de corrupción o injusticias, miles de cubanos no tienen nada que ofrecer en el nuevo mercado que se avecina.
Familias enteras hacinadas en albergues colectivos por más de cinco y hasta veinte años en espera de una vivienda, los albergados se preguntan cómo serán contemplados de ahora en adelante.
Los que habitan un usufructo gratuito en la comunidad de tránsito conocida como Miraflores, Cambute o Comodoro, temen que de legalizarlos en esos sitios alejados de la ciudad, jamás podrán volver a su lugar de procedencia.
“Legalizarnos  aquí sería como darnos el tiro de gracia”, dice Ramiro Pérez Álvarez, un maestro  jubilado, residente en Miraflores, sitio al que arribó en 1991 tras el derrumbe de su vivienda en Centro Habana.
Rodeado de su esposa, una hija y dos nietos en uno de los 15 cubículos en los que se divide  una gran nave rectangular con paredes de mampostería y techo de fibrocemento, Ramiro dice que su estancia en el lugar ha sido como una muerte en vida.
Alejado -por la distancia y las dificultades con el transporte- de las amistades y los sitios que frecuentaba veinte años atrás, expresó que la esperanza que lo ha sostenido es ver retornar a sus hijos a Centro Habana.
“Pero con estos truenos no hay quien duerma”, dice en alusión al Decreto-Ley 288, que si bien autoriza nuevas regulaciones que considera beneficiosas para el pueblo, a ellos, los albergados, no los menciona.
Los cubículos donde habitan no los pueden vender, pues son del Estado. Para permutar, sólo es posible hacia otro albergue. Y comprar, ni soñarlo, pues en los productos para el aseo y los alimentos se les va todo.
A las cercanías del albergue se accede en los ómnibus ruteros P-12 y P-16. Luego de apearse en 100 y Boyeros, se atraviesa un desolado y boscoso camino que conduce a Miraflores.
Allí no pagan luz, tienen mesetas, pero no cocina. El que no trajo una de gas o una hornilla eléctrica para cocinar, tiene que hacerlo con leña.
Poseen instalaciones sanitarias, aunque no agua. La toman de los carros cisternas asignados, o la acarrean en diversos recipientes de sitios aledaños al centro deportivo de alto rendimiento Cerro Pelado, o de la escuela de medicina Salvador Allende.
“Todos podrán soñar, menos los albergados”, dice Ramiro. Su tejado de vidrio no se contempla en las nuevas leyes.
vicmadomingues55@gmail.com

Posteado por: "Comité Pro Libertad de Presos Políticos Cubanos"

De Estado benefactor a cobrador de impuestos



 | Por Lucas Garve
LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) – “Ahora todo se lo dejan a uno, para que uno se defienda solo, cuando no hay dinero ni para comer. Después que acabaron con todo, nos dejan la tarea de arreglarlo” -expresó una anciana de 80 años, con la amargura de quien habla de una condena a muerte, mientras nos tomábamos dos refrescos en una cafetería privada.
La publicación en la Gaceta de Cuba de la resolución que anuncia el arrendamiento de las barberías y peluquerías estatales a los empleados que trabajan en ellas me hizo recordar las palabras de la anciana.
El paso de ‘empleado estatal’ a ‘trabajador por cuenta propia’, se podría traducir como “ahí te dejo esto y arréglatelas como puedas, siempre pagándome lo mío’. Lo mismo sucedió con las casas. Cuando había un déficit de más de millón y las existentes se estaban cayendo a pedazos por la falta de reparación, y la imposibilidad de que sus moradores pudieran arreglarlas por las prohibiciones y la falta de dinero u materiales, concedieron un título de propiedad a todos, que equivalió a pasar la responsabilidad de la situación desastrosa a los dueños.
Ahora los gobernantes se dieron cuenta de que el Estado es incapaz de ocuparse de producir, controlar, gestionar y comercializar todo en el país; desde exportar el níquel que se extrae en Moa, hasta los cucuruchos de coco de Baracoa. Verdad de perogrullo, dirán algunos, pero como no hay peor ciego que el que no quiere ver, aquí estamos –y están ellos- todavía al cabo de más de medio siglo.
Que nadie se llame a engaño: las ‘reformas’ no resolverán la situación del país, porque, además de ser muy tímidas, hay una burocracia que retarda todo lo que los ‘de arriba’  -que casualmente son los mismos que la crearon y corrompieron- intentan cambiar, para supuestamente hacer al país salir del hueco en que nos ellos nos metieron.
Durante cincuenta años los mismos que ahora inventaron ‘los cambios’ nos cortaron las alas, se empeñaron en eliminar cualquier cosa que se pareciera a la iniciativa privada, motor indispensable para el progreso económico, algo más que demostrado.
Hoy, enfrentados a la magnitud del desastre que crearon, con un país descapitalizado social y materialmente, siguen siendo tan tercos y arrogantes que insisten en no dar su brazo a torcer; se niegan admitir sus disparates y su responsabilidad en la fabricación de esta catástrofe nacional y en hacer los verdaderos cambios necesarios.
Por el contrario, le pasan la cuenta, y la culpa, a sus víctimas, a los propios cubanos a quienes obligaron a depender del Estado para poder controlar minuciosamente cada aspecto de sus vidas. Un Estado que, a cambio del control absoluto de nuestras vidas, supuestamente nos garantizaría bienestar y, después de medio siglo, no es capaz de darnos ni un vaso de leche para el desayuno.
Quienes sostuvimos, y sostenemos todavía, al Estado y su ineficiente burocracia, condenada ahora por aquellos que la crearon, somos nosotros: Liborio, Vicente y toda nuestra gente. Con nuestro trabajo y nuestra miseria, todos hemos contribuido a que esa burocracia comunista, devoradora de todos los recursos del país exista.
Quizás algunos se dejen engañar con el cuento de las reformas, porque piensan que ahora sí podrán vivir bien, o al menos decentemente. Ni modo, porque mientras los de ‘arriba’ sigan siendo los mismos y sigan dictando órdenes, el Estado y su burocracia siempre estarán observándonos y controlando los límites hasta donde podemos llegar en los nuevos espacios privados, que controlarán según su conveniencia. Como a los papalotes, nos darán y nos recogerán la cuerda.
La misión fundamental de los nuevos trabajadores privados que hoy son autorizados a existir por decreto, será sostener al Estado pagando impuestos leoninos. Así garantiza ahora su supervivencia la burocracia reciclada: cobrando impuestos y limitado la función ‘benefactora’ del Estado al cada vez más reducido círculo de ‘los de arriba’.

Posteado por: "Comité Pro Libertad de Presos Políticos Cubanos"

Línea de producción de androides cubanos.


22 DE NOVIEMBRE DE 2011




La Televisión Cubana posee, en su horrible horario estelar, otro programa de noticias manipuladas proveniente de Telesur, con un ideólogo-manipulador-agente-“periodista” venezolano, Walter Martínez, que ha olvidado la ética y la primera razón del reportero: respetar la noticia sin agregar su criterio personal que, en todas las ocasiones, va ligado a la ideología que representa y le paga y, por ende, al interés particular (como un pirata sin garfio aparece todas las noches en las pantallas cubanas oliendo los traseros de Chávez y Castro). Habría que preguntar a cuánto asciende su ganancia monetaria en este asunto, y el beneficio publicitario que recibe por parte del presidente de su país, por prestar su rostro y desvergüenza en defender un socialismo que, ya sea del siglo XX o XXI, porque es la misma estafa, como un virus, arruina la economía de nuestras naciones, y si los venezolanos quieren estar seguros, que se den una vuelta por la Isla, pero no por esos hospitales-hoteles que les facilitan para sus tratamientos, de los cuales no tengo nada en contra, ni mucho menos de sanar a un ser humano del país que sea, pero sí del uso mediático con que luego son usados, y, que salgan a las calles, visiten viviendas, hospitales prácticamente en ruinas, sin médicos, sin medicinas, ni utensilios quirúrgicos, etc.
Como si fuera poco para el pueblo cubano, en el intento de educarnos a través de varias generaciones como autómatas, recordemos que existen decenas de programas que a diario van acomodando la noticia oficialista escogida por la censura política, con idéntica redacción para todos los medios de información, y se va repitiendo como una tortura por el resto de nuestra existencia. Con dos horas diarias, el despliegue de la mejor tecnología que poseen y de los más altos gastos de producción, la inadvertida Mesa Redonda, que se ocupa de construir una anti-lógica militarizada, de atacar a todo lo que huela a capitalismo, su plato fuerte es los Estados Unidos, luego los Presidentes de derecha, antes fue Aznar, ahora Sarkosy, Berluscononi, entre tantos, y a la vez defender a los Presidentes Latinoamericanos que se han aliado a Chávez. A eso hay que agregarle los tres noticieros, los reyes de la desinformación mediática que también se ocupan de justificar los desastres internacionales de sus pares ideológicos. La ineptitud y desmanes de la pésima administración de los hermanos Castro ante la economía nacional enflaquecida por medio siglo. Los constantes noticieros radiales. El famoso Radio Reloj, que entre minuto y minuto cuelgan las noticias manipuladas más increíbles e injustificadas. La prensa escrita, con leerte una de ellas de seis hojas ya es como si se hubieran leído las demás. El Diario Juventud Rebelde, que no es más que el Diario de los Vejetes en Rebeldía que se encuentran en el poder. La publicación de Trabajadores, que no es otra cosa que la voz de la traición de la clase obrera cubana, al servicio de los amos tiranos. Agréguenle el órgano impreso del Partido Comunista de Cuba (y el único), que es la madre de las noticias, que escoge y decide qué debe conocer la población de Cuba. La Revista Bohemia, que ni en los peores momentos de dictaduras pasadas fue sumisa ni oficialista. Los periódicos provinciales regidos y vigilados por los comunistas de los Partidos territoriales. Los boletines digitales de noticias, también como papagayos copiando lo aceptado por las instancias políticas superiores.
Es como si nos pusieran altavoces en los oídos y nos gritaran una vez tras otra lo que debemos pensar, memorizar y ejecutar, y, como ejercicio del hastío, comiencen a contar del 1 al 53, los años de dictadura, para que corroboren lo vacío que luce ese espacio. Y como si fuera poco, aparece este Don Oficialista Walter Martínez, y a cada imagen, escogida también por su censura, nos da las noticias masticadas, subestimando la inteligencia de los espectadores y lo único que logra garantizar es tener el peor programa de noticias jamás visto ni siquiera en la República “Democrática” de Corea del Norte. Reportero que no hace silencio ni por un minuto, con aires de sabelotodo o dios omnipotente, se va ocupando de colgar carteles, apodos, con la ironía constante que siempre rema hacia el beneficio de su orilla chavista y castrista; que en el pasado viniera a Cuba a grabarle una entrevista a Fidel Castro, que no fue otra cosa que una Oda al anciano Comandante, un coro de críticas a sus enemigos políticos, una mamada al caudillo mayor. Lo único que ha logrado este señor, es que en Cuba se practique nuevamente el cine mudo. Los espectadores, con el volumen en el mínimo, garantizan eliminar la interrupción de su voz sumisa y así poder disfrutar de las imágenes que el Gobierno Cubano censura en los noticieros nacionales. Lo que no conoce, o quizá sí sabe y no le importa, es que también su programa es revisado y editado antes de salir al aire, que después de la censura, en Cuba hay otra más refinada donde él, por momentos, parece demasiado “periodista” y pregonero al servicio del enemigo. Ni siquiera él, un vocero oficial de ambos Estados, ha salido ileso de la arrogante y extremista ideología fidelista.
Y como acostumbra el vocero Walter Martínez, cuando finaliza su farsa periodística y dice “disponga usted de las cámaras, señor Director”, y se retira, ante la atmósfera oscura que va captando la cámara, y su imagen, con la marcialidad del frustrado oficial que le gustaría haber sido, recorre el pasillo para acercarse a la pantalla como símbolo de la pesadilla y el peligro que representa, y luego, con impudicia y cinismo mayor, hace el saludo militar ante la cámara que reafirma lo que ya sabemos, que está al servicio de las cúpulas castrenses de Venezuela y Cuba.
Un día, estoy seguro que muy cercano, usted señor Walter, perderá los beneficios con que ha sido comprado, y ojala que no se encuentre en las nóminas que reparte los cheques a los sabuesos.

Ángel Santiesteban-Prats