jueves, 13 de diciembre de 2012

El régimen impide que la hija de Payá estudie en Chile

Rosa María Payá tenía previsto matricular un diplomado en la Universidad Miguel de Cervantes. El partido del presidente Piñera califica la negativa de 'repudiable'.
Rosa María Payá, hija del fundador del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), no podrá salir de Cuba para asistir a un diplomado que organiza una universidad chilena, pese a haber cumplido con todos los requisitos que exige la actual ley migratoria, informó la agencia católica ACI.
"No puedes viajar por el momento, cuando puedas nosotros te lo diremos", fue la respuesta de una funcionaria de Emigración —que no quiso identificarse—, a la hija de Oswaldo Payá cuando acudió a la oficina gubernamental.
Cuando Rosa María preguntó el motivo de la negativa, solo le respondieron: "nos reservamos el por qué".
La joven informó que había cumplido con todos los requisitos para asistir al X Diplomado Internacional en Teoría Política y Gestión Pública que la Universidad Miguel de Cervantes (Chile) realizará del 8 al 15 de enero de 2013.
"La universidad hizo todo el trámite burocrático que Cuba exige, incluso pagando la carta de invitación, cosa que agradezco mucho. La embajada chilena me dio la visa por un mes para poder viajar en enero. Sin embargo, la oficina de inmigración cubana me dijo que no podía viajar", expresó.
Payá Acevedo denunció que el nuevo atropello demuestra que el régimen de Raúl Castro "se reserva la potestad de decidir quién viaja y cuándo viaja".
"No me permiten trabajar, no me permiten estudiar, no sé qué es lo próximo que piensan hacerme", señaló, al recordar que en octubre de este año la Universidad de La Habana le negó el puesto que ya le había asignado el Ministerio de Trabajo.
Sobre este tema, la joven graduada en Física dijo que sigue a la espera de que las autoridades le den un puesto de trabajo, ya que actualmente no puede laborar por su cuenta mientras no culmine el periodo de servicio social, al que está obligada por ley.
En Santiago de Chile, el gubernamental partido Renovación Nacional (RN) reaccionó con molestia ante la noticia, según el portal Terra.
El vicepresidente de RN, senador Baldo Prokurica, señaló que "estamos nuevamente frente a un nuevo acto de violación a los derechos humanos en Cuba" y calificó la negativa de "repudiable".
Asimismo, la directiva de Renovación Nacional hizo un llamado al Gobierno del presidente Sebastián Piñera para que a través de la Cancillería pidan las explicaciones del caso al régimen de La Habana.


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La lucha por la democracia en Cuba

El periodista Calixto Martínez abandona la huelga de hambre

Dejó el ayuno, después de 33 días, a petición de su familia.
El periodista independiente Calixto Ramón Martínez abandonó la huelga de hambre en el Combinado del Este, informó en Twitter la agencia Hablemos Press.
Martínez Arias, que estaba en ayuno desde hace 33 días, cedió a petición de sus familiares, según el reporte de Roberto de Jesús Guerra.
El caso del corresponsal de Hablemos Press fue presentado el miércoles al Grupo de Trabajo para la Detención Arbitraria de Naciones Unidas (GTDA) y a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de dicha organización.
Según el activista Moisés Leonado Rodríguez, esta acción, de Hablemos Press y la Corriente Martiana, se incluye en la campaña por la liberación inmediata de Martínez Arias, detenido desde el 16 de septiembre en La Habana y acusado de "desacato".
Según Hablemos Press, el periodista independiente fue arrestado y golpeado cuando investigaba el deterioro de medicamentos y equipos médicos donados por la Organización Mundial de la Salud, almacenados indebidamente en el Aeropuerto Internacional José Martí.
Martínez Arias, recluido en la prisión habanera Combinado del Este, mantuvo la huelga de hambre desde el 10 de noviembre, después de que las autoridades lo despojaran de sus pertenencias e intentaran obligarle a vestir el uniforme de reo común.
En represalia, fue enviado desnudo a una celda de castigo donde es "sometido a frecuentes golpizas y al amplio abanico de maltratos que ofrecen las cárceles cubanas a quienes desafían el despotismo y la injusticia", dijo el martes semana Hablemos Press.
La agencia independiente y la Corriente Martiana afirmaron que enviaron a las entidades de la ONU "toda la información requerida por el modelo oficial para comunicar violaciones" de derechos humanos.
Calixto Martínez fue el periodista independiente que destapó en el verano pasado la existencia de la epidemia de cólera en el Oriente de la Isla.


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¿De un águila las dos alas?

Puerto Rico vota por la anexión a EE UU y la prensa oficial cubana hace su 'interpretación'.
En medio de la ola represiva cubana del pasado mes de noviembre, pensé que todo no era más que otra patética pataleta de la policía política para distraer así la atención de la noticia de mayor impacto en el área del Caribe, acaso en nuestro hemisferio: los puertorriqueños de hoy no ven con ningún horror su anexión a los Estados Unidos de América. Al contrario, por primera vez en su historia votan en mayoría a favor de ese proceso.
Si fueran súbditos del castrismo esos electores plebiscitados el 6 de noviembre último, hoy habría 824.195 nuevos presos de conciencia en las cárceles de Cuba. Amnistía Internacional terminaría siendo una institución local enfocada solo en nuestra islita. Lo que fue una opción civilizada en Puerto Rico, en la Mayor (y Peor) de las Antillas hubiera sido fuente de una guerra civil, ganada a priori por los abusos de Estado y los saboteadores de toda espontaneidad ciudadana. Al parecer, la bota del Imperio yanqui humaniza. En cambio, la humanidad soberana de la revolución nos trajo tantas barbas como barbaries.
1. Independencia, 2. Estado Libre Asociado Soberano, 3. Estadidad número 51 de los EE UU: ni un solo acto de repudio ocurrió como consecuencia de esta consulta popular. Una más, de las muchas a las que se ha sometido el pueblo de Puerto Rico, incluido un referéndum constitucional en agosto de 2012, donde, por supuesto, se hicieron campañas de oposición en contra la intención gubernamental (que perdió, por cierto) y, para colmo de democracia, hasta los presos de aquel país pudieron participar (mientras que en Cuba son considerados cadáveres en trance de rehabilitación).
El cantinfleo de los medios de prensa cubanos (o transmisibles dentro de Cuba) me sacó más de una carcajada a pesar de los amigos presos extrajudicialmente y los teléfonos boicoteados por Cubacel, la misma empresa que nos contrata como clientes solo para estafarnos con su irresponsabilidad criminal. En escasas horas, los "talibanes totalitarios" de la internet secuestrada cubana, coordinaron una escalada mediática de injerencia ideológica contra nuestra vecina nación.
TeleSur resucitó al líder nacionalista boricua Rafael Cancel Miranda, quien entiende que toda consulta es "una entretención para engañar al mundo con una falsa democracia", pues "el derecho de los pueblos no se somete a votación". En el portal gubernamental Cubadebate, Cancel Miranda critica paradójicamente que el plebiscito no fuera vinculante de cara al gobierno de Washington, a pesar de que el suyo sea "un país secuestrado por el poder imperialista estadounidense".
El bloguero oficialista cubano Enrique Ubieta dictaminó que "los números a veces son tramposos". El propio Cubadebate citó fuentes que consideran que no hubo más que "una ficción estadística". La licenciada en periodismo Marina Menéndez desde Juventud Rebelde diagnosticó que se trataba del "resultado de la manipulación en la mente de un pueblo que se ha visto crecer 'gracias' a los vínculos con el Norte, y a quien se le ha hecho creer que no puede vivir sin ese nexo", ya que "la anexión no fue el parecer de la mayoría; aunque esa variante haya obtenido, al contarse las boletas, los mayores porcentajes".
De hecho, esta profesional se pone a sumar peligrosamente en público las boletas en blanco, más las ausencias a las urnas, más los votos anulados. Operación que, de haberla aplicado semanas atrás a las elecciones del Poder Popular en Cuba, le hubiera arrojado un escalofriante millón y tantos de desafectos cubanos a la revolución, a pesar de no contar con alternativa viable en ninguna boleta legal.
Lo cierto es que Puerto Rico es una isla abierta al mundo, sin necesidad de sermones papales a sus gobernantes. La cicatriz de los machetazos independentistas jamás ha llegado al 10% en ninguna elección. De ahí la necia necesidad de no confiar en ese tecnicismo burgués que es el sufragio popular. Más de la mitad de los puertorriqueños viven en EE UU y desde 1917 todos son ciudadanos de esa nación, sin necesidad de los oprobiosos permisos de Entrada y Salida al país (perpetuados bajo disfraz en Cuba con la reforma migratoria raulista). Sin embargo, aún no hay síntomas en absoluto de un holocausto de la identidad nacional boricua. Antes bien, los horrores de las dictaduras de derecha e izquierda latinoamericanas, para ellos son solo una lectura de clase más.
Recuerdo a propósito unas décimas impresentables de la autora del himno La Borinqueña, Lola Rodríguez de Tió (1843-1924), en ocasiones atribuidas disparatadamente a ese ubicuo Autor Intelectual que es nuestro José Martí. Aquella cantinela de infancia suena ahora demasiado subversiva (es decir, censurable) a la luz de la opción anexionista en Puerto Rico, justo cuando La Habana acumula líderes moribundos al por mayor: Cuba y Puerto Rico son / de un pájaro las dos alas, / reciben flores y balas / sobre el mismo corazón. / Qué mucho si en la ilusión / que mil tintes arrebola, / sueña la musa de Lola / con ferviente fantasía / ¡de esta tierra y la mía / hacer una patria sola!


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Cuba: defensores de Derechos Humanos en Ciego de Avila enfrentan a repre...

El parlamento de Cuba debate los beneficios de la moringa - AméricaTevé

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El dilema de la oposición: ¿Lo deseable o lo aconsejable?


| Por José Hugo Fernández
LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -¿Es lícito utilizar la violencia contra una dictadura opresora, intolerante y déspota como la que hoy sufrimos en Cuba? ¿Sería injusto y aun ilegal que ante las abusadoras agresiones de la policía política y de sus manadas paramilitares, nuestro movimiento de oposición pacífica resolviera devolver ojo por ojo?
Desde Sócrates hasta Martí, son muchos los grandes pensadores de la historia (hombres por demás moralmente intachables) que aprobaron la rebelión contra el gobierno opresor, no sólo como un derecho sino incluso como un deber de la ciudadanía.
Ya en el siglo XVII, John Locke, sabio e incansable luchador contra el absolutismo monárquico, categorizaba la cuestión mediante postulados que hoy conservan total vigencia, al sostener que el resultado de un ejercicio erróneo por parte del poder (atropellando los derechos elementales de la gente), debe ser observado no solamente en la desobediencia o rebelión del pueblo, sino además en la pauta que a éste se le da para ejercer otro derecho fundamental: la disolución del gobierno.
Para el ilustre filósofo Henry David Thoreau, enemigo del esclavismo y hasta temprano crítico del capitalismo, lo justo no era cultivar el respeto por la ley (que puede ser manipulada), sino el respeto por la justicia: “La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo”, puntualizaba.
En tanto, Martí sentenció, en 1882 “… Bien es que merezca ser echado de la casa de Gobierno, quien para gobernar haya de menester, en vez de vara de justicia, de puñal de asesino”.
Claro que el propio Martí, sabedor de que en todo hombre puede germinar la semilla de un déspota, tuvo a bien advertirnos: “Una revolución es necesaria todavía: ¡la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones”. Con lo cual, al tiempo que legitimaba el enfrentamiento contra un gobierno violento y opresor, insistía en la conveniencia de no combatirlo con sus propios métodos, debido a la enorme posibilidad de que la historia termine repitiéndose.
Así, pues, el tal llevado y traído pensamiento martiano parece ser, una vez más, de inevitable colación para nosotros, justo en estos días, cuando decenas de nobles Damas de Blanco son golpeadas e injuriadas en plena calle por las hienas de la Sección 21, sólo por pretender celebrar, en silencio y pacíficamente, el Día de los Derechos Humanos; y cuando, en general, bajo la sombra cómplice de gobiernos e instituciones internacionales presumiblemente democráticos, el régimen recrudece su violencia contra toda manifestación de desacuerdo.
¿Sería correcto entonces que, hartos de hacer de mansos sacos de práctica donde ejercitan su técnica y su saña los esbirros karatecas de la Seguridad del Estado, nuestros corajudos opositores pacíficos resolvieran poner freno al abuso, ripostándoles con la piedra o el palo más duros que encuentren a mano?
No siempre lo deseable es aconsejable. Y desafortunadamente, no siempre lo correcto es lo que más conviene. Pero desde luego que en estos asuntos, como en cualquier otro, pero sobre todo en estos (en los cuales, lo que está expuesta es la integridad física de cada cual), a nadie le asiste el derecho de sentar pautas.
Por eso, en lo que a mí respecta, me limito a recordar que la fuerza del poderoso no es más que un accidente que se asienta en la debilidad de los otros. Y como accidente, tiene efectividad limitada. Aunque algunos pobres diablos con poder continúen creyendo que imponerse a la brava significa vencer.
Por suerte, los tiempos cambian. Y con los tiempos, van quedando en evidencia las reglas del accidente, lo cual representa el principio del fin para los poderosos.
Ocurre en Cuba y también en otras latitudes geográficas. Sólo que en nuestro caso hemos tenido que sudar mucho la camiseta para llegar a este punto, toda vez que el régimen se las arregló desde el principio para imponernos sus cañonas, disfrazando hábilmente el burdo proceder que es común entre los poderosos.
Durante décadas, y hasta hace poco tiempo, enfrentarse aquí al poder, totalitario, soberbio, antidemocrático, significaba en la práctica tener que vérselas con una cierta porción del pueblo, que sin dejar nunca de ser su rehén y su esclavo, devino a un mismo tiempo su vehículo idóneo para imponer la fuerza.
Las condicionantes son bien conocidas. Bastaría con recordar apenas el carácter popular que en sus días de inicio tuvo lo que aún mal llaman la revolución, o el hecho de que en tantos años de un dominio absoluto sobre las personas (mediante formas de enseñanza, medios de información, dependencia económica, impunidad y múltiples recursos para manipular y amedrentar), el poderoso tuvo aquí la ocasión única de sofisticar su estrategia, aprovechando la debilidad de los otros no sólo como base sino también como medio.
Incluso, todavía hoy, quienes deciden desafiar abiertamente al régimen no sólo deben estar resueltos a concitar el recelo y aun el rechazo fratricida del igual, el vecino, el amigo, el conocido o pariente. También deben exponerse a enfrentarlos bajo la acusación de traidores, antisociales y mercenarios a sueldo de una potencia extranjera, cargos que no por ridículos resultan menos aplastantes, sea ante un tribunal amañado o ante los palos de los esbirros. De manera que, dadas esas circunstancias, no habría que insistir mucho en lo inconveniente que sigue resultando la violencia para dar validez a la lucha opositora.
Sin embargo, como ya quedó dicho, los años y las calamidades no pasaron por gusto. Tampoco han ocurrido en balde (ni siquiera para quienes sobrevivimos en el limbo de un país cerrado a los avances de la vida real) las conquistas que en materia de derechos humanos y democratización exhibe el mundo en estos umbrales del siglo XXI.
Por mucho que asuste al régimen, por más que la miseria material haya postergado su florecimiento y la represión acalle sus voces, en Cuba ha venido formándose en los últimos años una sociedad civil que piensa y se proyecta ajena al hueco sonsonete oficial. No todos los cubanos de adentro desconocen y desatienden los valores del espíritu civilizado, no todos piensan únicamente en la comida y otros menesteres del diario. La Isla tampoco es (o ya no es) un corral.
Se ha desarrollado aquí un movimiento de oposición política que se nutre con la experiencia e ideas de los clásicos –lo que es decir de la modernidad-, aplicadas inteligentemente a nuestra situación particular, y cuya mayor carta de triunfo radica tanto en la transparencia de conducta y el valor personal de la mayoría de sus miembros, como en la muy valiente vocación pacifista que rige todos sus actos.
En toda la historia insurreccional de esto que aún llaman la revolución, sería difícil hallar un solo ejemplo de coraje tan admirable como el que protagonizan casi a diario en las calles de Cuba muchos miembros de la oposición, enfrentando a pecho descubierto a las fuerzas represivas, sin acobardarse ante la impune violencia, sin dejar de airear sus demandas, y también sin perder los estribos.
El enfrentamiento es contra el régimen y sus pretendidos herederos. Las armas escogidas son la denuncia y la demostración firme y serena de que existen alternativas para el cambio, pero un cambio radical, no sólo de nombres, sino también de circunstancias, de estructuras políticas, y, sobre todo, de mentalidad.
¿Será esta una actitud insensata ante la creciente brutalidad de nuestra Gestapo criolla?
Tal vez no nos quede otro remedio que recurrir nuevamente a la asistencia del Apóstol, José Martí, quien, en carta del 20 de octubre de 1884, le decía al general Máximo Gómez: “La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia”.
Vistos los hechos y repasados ciertos sabios criterios, valdría darle taller a una última interrogante: ¿Qué resulta más aconsejable, matarnos unos a los otros, con el riesgo de terminar depositando el poder en manos de nuevos poderosos o nuevos caudillos; o, en caso contrario -aunque no sea la vía más rápida, ni la que más me les guste quizás a los desesperados y a los politiqueros presurosos por montar su show para darnos más de lo mismo-, cimentar de una vez y por todas, como manda Dios, las bases de un futuro próspero y civilizado?



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